Almas en un limbo: comienzan a emerger las víctimas de la filtración masiva de datos de EasyJet.

Nada menos que 9 millones de datos de pasajeros se han visto expuestos en la filtración de EasyJet hace apenas dos meses. Si el mundo aeronáutico no estaba lo suficientemente tocado en esta época del COVID, ahora va EasyJet y suma a su espalda el impacto de haber perdido tal cantidad de datos sensibles. Su principal problema fue conocer cómo, cuándo y quién ejecutó las maniobras «piratas», pero es que ahora es cuando empiezan a notarse los efectos secundarios para la compañía: las víctimas.

No hablamos en esta ocasión de usuarios y contraseñas sin más, también hay información bancaria de los afectados, información que luego es utilizada para compras online que muchas veces se llevan a cabo entre grupos criminales.

Samantha Burt y Finlay Hamilton, son los dos casos más sonados por el momento; están en una posición donde son objetos de estafas reiteradas, pues el o los atacantes no solo utilizan la información fugada de EasyJet, sino que tiran del hilo para conocer más sobre las víctimas. Ambos afectados se pusieron en contacto con la aerolínea, sintiendo que están en un limbo, completamente abandonados ante un error que asume la propia compañía con las siguientes respuestas:

«Each of the customers whose credit card details were impacted were sent an email including a unique code through which they could access monitoring services provided by a third-party,»

«We also provided an external dedicated call centre who are experienced in advising consumers who have been impacted by data breaches. We are sorry to hear that one of our customers feels they did not get the support expected.»

Y es que está muy bien que ahora vengan otras empresas a decirle a estas víctimas que modifiquen sus contraseñas en la cuenta de la aerolínea, creo que eso lo puede deducir cualquiera. Lo que hay que asegurarse es de emitir una disculpa sincera a cada usuario comprometido, acompañada de las medidas que se tomarán para que esto no vuelva a ocurrir, porque las disculpas sin acciones correctivas no sirven de nada.

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